Todos tenemos miedo. Todos pasamos un momento difícil. Pero es en las personas más fuertes donde se encuentra la calma y se dan los pasos más valiosos hacia adelante. Todo va a estar bien. Esta trabajadora de Médicos Sin Fronteras es la prueba.

 

Médicos sin Fronteras lucha, y lo hará cada minuto de esta crisis humanitaria que atraviesa el mundo. La preocupación por central por los países de Centroamérica y el desarrollo del virus en su interior son prioridad uno para la organización que desde el comienzo, ha establecido con firmeza los puntos  de lucha contra la pandemia: centros, refugios y cobertura de la ruta migratoria.

 

“Estar cerca de la muerte en un centro COVID-19 ha sido una de los retos más fuertes de mi vida profesional”, asegura Cristina Romero, quién a sus 33 años ha trabajado en varios de los contextos más peligrosos de México. Ella es médica y atiende a personas vulnerables por la violencia. También ha trabajado cerca de personas migrantes y solicitantes de asilo en la frontera de México con Estados Unidos y, durante la pandemia, fue Gestora de actividades médicas para el proyecto COVID-19, en Matamoros, Tamaulipas.

Texto por Sergio Ortiz Borbolla y Mario Villagrán para Médicos Sin Fronteras y GQ

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