Con el paso de los días, poco a poco hemos intentado volver a la normalidad. Muchas personas han vuelto al trabajo, algunas más a la escuela y otras a la extraña condena de trabajar desde casa.

Aún con miedo, continuamos esforzándonos en quitarnos el sonido de alerta sísmica que suena en cada esquina y que anuncia la peor, pregonando una tragedia, derrumbes y una profunda incertidumbre.

Todos esperamos que con el paso de los días podamos volver a dormir tranquilos, sin la urgencia y el apuro de los que siguen con vida debajo de tanto escombro.

Al llegar a un derrumbe o a un centro de acopio es cuando te das cuenta de que la reconstrucción de esta ciudad está dirigida por sus voluntarios, brigadistas, médicos, ciclistas, amas de casa, rescatistas, trabajadores, artistas, estudiantes y que al fondo, fuera de foco se encuentran unas autoridades que llegaron tarde, que intentan pasar maquinaria de demolición antes de tiempo, algunas que intentan sacar provecho político de la situación y otros que ya en ocasiones registradas han agredido a voluntarios.

Artículo completo en Newsweek en español.

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